¿Cómo se forman las mariscas?
Las mariscas suelen formarse por una sobreextensión o daño en la piel sensible de la zona anal. Las causas frecuentes son cargas mecánicas como el esfuerzo intenso al defecar, el estreñimiento persistente o las diarreas recurrentes. También una trombosis anal previa, pero sobre todo las trombosis anales recurrentes pueden dejar mariscas cuando el coágulo de sangre se ha disuelto pero queda piel sobrante. El embarazo y el parto también favorecen la formación de mariscas, ya que la presión aumentada en la región anal puede debilitar el tejido conectivo. Procesos inflamatorios, como los que ocurren en hemorroides o enfermedades inflamatorias crónicas del intestino, también pueden contribuir a su aparición. Además, una predisposición genética para un tejido conectivo débil puede aumentar el riesgo de mariscas. Aunque las mariscas en sí son inofensivas, pueden causar molestias como picor, hinchazón o sangrado debido a la fricción, la higiene deficiente o la irritación mecánica.

¿Son las mariscas una consecuencia de las hemorroides?
Sí, las mariscas pueden surgir como consecuencia de las hemorroides. Cuando las hemorroides se hinchan y luego se retraen, la piel estirada no siempre puede volver completamente a su estado original. Esto puede dejar colgajos de piel en el borde anal. Especialmente después de una hemorroide inflamada o trombosada, puede formarse piel sobrante que permanece como marisca. También tras un tratamiento de hemorroides, como la ligadura con banda elástica o la esclerosis, la piel puede encogerse, dejando mariscas. Mientras que las hemorroides suelen causar molestias como dolor o sangrado, las mariscas generalmente son inofensivas. Sin embargo, las mariscas pueden dificultar la higiene anal y, por la fricción o humedad, provocar picor o irritaciones, así como hinchazón. Quienes tengan dudas sobre si un cambio en la piel se debe a hemorroides o mariscas deberían considerar un examen proctológico. Las mariscas también pueden aparecer sin hemorroides previas. Se originan por diversos factores que estiran o irritan la piel en la zona anal. Las causas frecuentes son:
Esfuerzo intenso durante la defecación: El estreñimiento crónico o el esfuerzo repetido y fuerte pueden sobrecargar la piel anal y provocar la formación de mariscas.
Diarrea o irritaciones frecuentes: Las inflamaciones repetidas o irritaciones por deposiciones frecuentes y líquidas pueden estirar demasiado la piel.
Embarazo y parto: Los cambios hormonales y la presión durante el parto pueden estirar la piel anal y favorecer la formación de mariscas.
Trombosis anal: Una trombosis anal es una hinchazón causada por un coágulo de sangre en el ano que puede dejar una marisca tras su curación.
Irritaciones mecánicas: La ropa ajustada, el limpiado excesivo o la piel húmeda favorecen la formación de pliegues cutáneos.
Con o sin hemorroides, las mariscas suelen ser inofensivas, pero pueden dificultar la higiene o causar irritaciones.
¿Puede el esfuerzo intenso al defecar causar mariscas?
Sí, el esfuerzo intenso al defecar puede causar mariscas. El esfuerzo excesivo estira y carga mucho la delicada piel anal, lo que puede provocar microlesiones o un estiramiento excesivo del tejido. Estos cambios cutáneos pueden manifestarse tras la cicatrización en forma de mariscas.
Las mariscas se forman especialmente a menudo por estreñimiento crónico, ya que las heces duras y el esfuerzo intenso sobrecargan la piel anal. También el esfuerzo repetido y fuerte tras la diarrea puede irritar la piel y favorecer la formación de mariscas.
Para minimizar el riesgo, se debe seguir una dieta rica en fibra con suficiente ingesta de líquidos. Las cáscaras de psyllium o las semillas de lino pueden ayudar a regular el tránsito intestinal. Además, se debe evitar el esfuerzo intenso para proteger la piel en la zona anal.

¿Favorecen la diarrea o el estreñimiento la formación de mariscas?
Sí, tanto la diarrea como el estreñimiento pueden favorecer la formación de mariscas, ya que ejercen una gran carga sobre la piel en la zona anal.
Diarrea: Las heces frecuentes y líquidas llevan a un aumento del limpiado, lo que irrita la delicada piel anal. Además, la humedad constante puede ablandar el tejido y hacerlo más susceptible a cambios cutáneos. La diarrea crónica también puede favorecer inflamaciones en la zona anal que contribuyen a la formación de mariscas.
Estreñimiento: Las heces duras y el esfuerzo intenso al defecar ejercen una gran presión sobre la piel anal. Esto puede causar pequeñas lesiones o estiramientos que, tras la cicatrización, quedan como pliegues cutáneos (mariscas).
Prevención: Una dieta rica en fibra, suficiente ingesta de líquidos (mínimo 1,5–2 litros diarios) y una higiene anal suave pueden ayudar a minimizar el riesgo de mariscas.
¿Por qué se forman las mariscas después de una trombosis anal?
Las marisken aparecen tras una trombosis anal como consecuencia de la curación natural del tejido afectado. Una trombosis anal es la formación dolorosa de un coágulo en las venas externas del ano, que suele ir acompañada de hinchazón y sensibilidad al tacto. Tras la disolución del coágulo, en muchos casos queda piel sobrante que no se retrae completamente; estos pliegues de piel residuales se denominan marisken.
¿Por qué quedan marisken tras una trombosis anal?
Sobredistensión de la piel anal: La fuerte hinchazón causada por el coágulo de sangre estira el tejido, y tras su reabsorción suele quedar un exceso de piel.
Pérdida de elasticidad de la piel: La piel no siempre puede retraerse completamente después de estirarse, especialmente si la elasticidad se ve afectada por trombosis o inflamaciones repetidas.
Procesos inflamatorios: Durante la curación pueden formarse pequeñas cicatrices que alteran la estructura de la piel y contribuyen a la formación de marisken.
Prevención: Una higiene anal suave, evitar el esfuerzo excesivo al defecar y una dieta rica en fibra pueden ayudar a prevenir trombosis anales y las marisken asociadas.

¿Qué papel juegan el embarazo y el parto en la aparición de marisken?
El embarazo y el parto son factores comunes para la aparición de marisken, ya que aumentan la presión en la región anal y afectan la circulación sanguínea en la zona pélvica.
¿Por qué aparecen las marisken durante el embarazo?
Aumento de la presión en la cavidad abdominal: Durante el embarazo, la presión sobre los órganos pélvicos aumenta, lo que puede afectar las venas en la zona anal. Esto puede provocar una dilatación de los vasos sanguíneos, favoreciendo la formación de marisken.
Cambios hormonales: Las hormonas del embarazo, especialmente la progesterona, provocan un ablandamiento del tejido conectivo y una dilatación de las venas, lo que aumenta el riesgo de exceso de piel tras inflamaciones.
Estreñimiento: Muchas embarazadas sufren de estreñimiento debido a influencias hormonales y poca actividad, lo que favorece el esfuerzo intenso, un factor de riesgo para las mariscas.
¿Cómo influye el parto en la aparición de mariscas?
Esfuerzo intenso durante el parto: Durante el parto, el esfuerzo genera una carga extrema sobre el suelo pélvico y la región anal. Esto puede causar pequeñas grietas en la piel o congestión venosa, que tras la cicatrización se manifiestan como mariscas.
Hemorroides como etapa previa: Muchas mujeres desarrollan durante o después del parto hemorroides, que al disminuir o retroceder pueden dejar exceso de piel.
Prevención: Una dieta rica en fibra, una ingesta adecuada de líquidos, ejercicio suave regular y un manejo consciente de la defecación pueden ayudar a evitar las mariscas durante el embarazo y después del parto.
¿Las mariscas son causadas por mala higiene?
Las mariscas no se originan directamente por mala higiene, sino que suelen ser el resultado de una carga mecánica, debilidad del tejido conectivo o congestión venosa en la zona anal. Sin embargo, una higiene anal insuficiente o agresiva puede irritar las mariscas existentes y aumentar los síntomas de las mariscas como la picazón, inflamaciones o hinchazón.
¿Por qué es importante la higiene en las mariscas?
Residuos fecales restantes: Como las mariscas forman pliegues en la piel alrededor del ano, los residuos fecales pueden acumularse más fácilmente. Una limpieza insuficiente puede favorecer irritaciones e inflamaciones de la piel.
Limpieza demasiado agresiva: Frotar fuertemente con papel higiénico, el uso de toallitas húmedas con alcohol o jabones agresivos pueden irritar la piel sensible y causar pequeñas grietas.
Humedad en los pliegues de la piel: La humedad residual después de la limpieza puede crear un ambiente húmedo y cálido que favorece el crecimiento de bacterias o hongos, lo que a su vez causa picazón e irritaciones.
Higiene óptima para la prevención y el cuidado de las mariscas
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Limpieza suave con agua tibia en lugar de jabón o toallitas perfumadas.
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Papel higiénico suave o limpieza con bidé en lugar de frotar con fuerza.
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Secado minucioso mediante toques suaves o con un secador en baja temperatura.
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Cuidado hidratante y calmante con pomadas como la de hamamelis o caléndula.
La mala higiene no causa mariscas, pero puede agravar los síntomas de la marisca. Una higiene anal suave pero minuciosa ayuda a evitar irritaciones e inflamaciones. Infórmese aquí también sobre el tratamiento de las mariscas, o sobre enfoques dentro de la terapia alternativa para las mariscas.
¿Pueden las enfermedades inflamatorias intestinales causar mariscas?
Sí, las enfermedades inflamatorias intestinales (EII) como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa pueden favorecer la aparición de mariscas. Estas enfermedades se acompañan de inflamaciones crónicas y cambios en el intestino y la zona anal que debilitan el tejido y fomentan la formación de colgajos de piel en el ano.
¿Por qué las enfermedades inflamatorias intestinales favorecen las mariscas?
Inflamaciones crónicas: La inflamación persistente en el intestino puede extenderse a la zona anal, haciendo que el tejido sea más susceptible a cambios.
Hinchazón y trastornos circulatorios: Los procesos inflamatorios pueden afectar la circulación en la zona anal y provocar la formación de tejido cutáneo excesivo.
Diarreas frecuentes: Las deposiciones recurrentes, a menudo agresivas, en la enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa pueden irritar la piel y aumentar el riesgo de mAumentan las cargas mecánicas y la formación de cicatrices.
Fístulas y abscesos perianales: Los pacientes con enfermedad de Crohn tienen con más frecuencia fístulas perianales, abscesos anales o trombosis anales, que tras la curación pueden conducir a mariscas.
¿Cómo prevenir las mariscas en pacientes con EII?
Control de la inflamación: Un buen tratamiento de la enfermedad subyacente reduce el riesgo de cambios anales.
Higiene suave: El agua tibia y el papel higiénico suave evitan irritaciones.
Baños de asiento: Los baños de manzanilla o corteza de roble calman el tejido inflamado.
Ajuste dietético: Una alimentación individualmente tolerada ayuda a evitar diarreas agresivas.
Las mariscas no son infrecuentes en pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales. Un tratamiento óptimo de la enfermedad subyacente y una higiene anal suave pueden ayudar a minimizar el riesgo.
¿Existen causas genéticas para las mariscas?
Las mariscas no son una enfermedad hereditaria clásica, pero una predisposición genética puede aumentar indirectamente el riesgo de su aparición.
¿Cómo puede la genética influir en las mariscas?
Debilidad del tejido conectivo: Una predisposición genética a un tejido conectivo débil o menos elástico puede hacer que la piel sea más susceptible a cambios, especialmente en la zona anal.
Predisposición a hemorroides o trombosis anales: Las personas con predisposición familiar a hemorroides o trombosis anales tienen un mayor riesgo de mariscas, ya que estas suelen aparecer como consecuencia de dichas enfermedades.
Predisposición a enfermedades intestinales crónicas: Enfermedades inflamatorias intestinales de origen genético como Enfermedad de Crohn o Colitis ulcerosa pueden favorecer indirectamente las mariscas debido a irritaciones crónicas en la zona anal.
Problemas metabólicos y circulatorios: Factores hereditarios como enfermedades venosas o circulación sanguínea alterada pueden debilitar el tejido en la zona anal y aumentar el riesgo de cambios en la piel.
Aunque las mariscas no se heredan directamente, factores genéticos como la debilidad del tejido conectivo o una predisposición familiar a las hemorroides y trastornos circulatorios pueden aumentar el riesgo. Quienes tienen antecedentes familiares pueden reducir el riesgo de mariscas mediante una digestión saludable, una higiene anal suave y evitando el esfuerzo excesivo al defecar.

¿Qué factores favorecen la formación de nuevas mariscas?
Las mariscas pueden reaparecer después de su primera aparición, especialmente si existen ciertos factores de riesgo. Estos afectan irritaciones mecánicas, problemas digestivos y cambios cutáneos en la zona anal.
Carga mecánica e irritación
Esfuerzo intenso durante la defecación: La presión excesiva sobre el tejido sensible puede causar nuevamente protuberancias cutáneas.
Fricción frecuente: Ropa ajustada o frotar mucho con papel higiénico seco irritan la piel y fomentan la formación de nuevos pliegues cutáneos.
Deportes con alta presión: El entrenamiento de fuerza, levantar objetos pesados o estar sentado mucho tiempo (por ejemplo, andar en bicicleta) pueden cargar la región anal y favorecer nuevas mariscas.
Problemas digestivos y hábitos intestinales
Estreñimiento crónico: Heces duras y pujos repetidos someten el tejido a estrés.
Diarrea frecuente: La irritación constante por heces líquidas puede debilitar la piel en la zona anal.
Alimentación desequilibrada: Una dieta baja en fibra conduce a problemas digestivos que favorecen las cargas mecánicas.
Factores cutáneos y vasculares
Hemorroides o trombosis anales: Cambios vasculares existentes o su regresión pueden provocar nuevas mariscas.
Tejido conectivo débil: La predisposición genética puede contribuir a que el tejido se afloje más rápido.
Embarazo y parto: La presión sobre la región anal durante el embarazo o las contracciones de pujo pueden provocar nuevas mariscas.
Higiene y cuidado de la piel
Higiene anal insuficiente: Restos de heces que permanecen en los pliegues de la piel pueden causar irritaciones.
Limpieza excesiva: Frotar con fuerza, jabones agresivos o toallitas húmedas con alcohol resecan la piel y favorecen las irritaciones.
Infórmese aquí también más detalladamente sobre el tratamiento de las mariscas, o también enfoques en el marco de la terapia vegetal de las mariscas.